sábado, 25 de abril de 2009

La Defensa: Herramienta de trabajo del vigilante de seguridad.

La Defensa, como arma defensiva, es una de las herramientas de trabajo del vigilante de seguridad. Como toda herramienta, no solo requiere de un conocimiento y aprendizaje inicial sino de una práctica regular y continuada.
Suele ocurrir que cuando a un/a vigilante de seguridad se le presenta la desagradable situación de tener que hacer uso de ella, la primera sensación que puede tener sea la de inseguridad. Inseguridad por no saber como emplearla para defenderse o tener que reducir al agresor. Por otro lado, puede también darse el caso de una reacción negativa, tanto en sentido pasivo como activo. En sentido pasivo, el vigilante puede pensar que al no tener control sobre su herramienta de trabajo, podría causar un daño excesivo al agresor, que sería perjudicial para sí mismo por las repercusiones legales. Y por tanto no haría uso de ella. En este caso las lesiones que podría sufrir el vigilante, infligidas por el delincuente, serían mayores que si hubiera esgrimido adecuadamente la defensa. En sentido activo, el vigilante, cegado presa del pánico haría un uso desproporcionado causando serias lesiones, innecesarias, al agresor que le repercutirían jurídicamente.
Recordemos el articulo 1.3 de la Ley de Seguridad Privada en España, que dice:
"... El personal de seguridad privada se atendrá en sus actuaciones a los principios de integridad y dignidad; protección y trato correcto a las personas, evitando abusos, arbitrariedades y violencias y actuando con congruencia y proporcionalidad en la utilización de sus facultades y de los medios disponibles".
Para evitar estas situaciones no deseadas, es conveniente que el vigilante de seguridad se familiarice, en un sentido practico, tanto con su herramienta de trabajo como con las técnicas que puede aplicar con ella. En este punto es donde la practica regular de la ESKRIMA, junto con las adaptaciones de las técnicas según la Ley de Seguridad Privada, aporta al vigilante:
  • Seguridad en sí mismo al ser consciente del control que tiene sobre el arma y la situación.
  • Conocimiento de la mecánica corporal propia para obtener la mayor efectividad con el mínimo esfuerzo.
  • Conocimiento de los límites a los que puede llegar en la aplicación de las técnicas, para causar el menor daño innecesario al agresor.
  • Relajación, conseguida a través de un entrenamiento intenso, reduciendo el estrés acumulado en el desempeño de sus funciones. Una mente y un cuerpo relajados pueden tomar decisiones mas acertadas y equilibradas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Luego no tendriamos que lamentar tanto la excesiva brutalidad o por el contrario la inutilidad de la acción, al no saber usar el unico arma que nos han dejado con la ley de seguridad privada. Tendriamos, al igual que con las armas de fuego, que tener unas pruebas de aptitud en el manejo de la defensa. Pero como siempre, en muchas cosas, estamos a años luz de hacer las cosas bien.
Un fabuloso articulo Jose, enhorabuena
Pako Japón.