"A través de la puerta de la muerte se llega a la verdadera vida"

jueves, 3 de diciembre de 2009

Artes Marciales y Legitima Defensa en el Código Penal Español. (IV)

Por Ginés Ruiz Adame.
Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y practicante de Artes Marciales.

SUPUESTOS ESPECIALES.

1) Riña. Se considera como riña aquella situación en la que dos o mas sujetos pelean entre si. Se ha planteado la cuestión de que si en el caso de que la riña haya sido aceptada por los implicados pudiera hablarse de LD. El Tribunal Supremo en numerosas ocasiones ha proclamado que en caso de riña voluntaria no puede hablarse de LD por faltar el reparto de papeles de agresor y agredido. Ambos serian agresores.

Sin embargo, el Tribunal Supremo también señala que hay que hacer una clara diferencia entre la situación anterior y aquella en la que claramente hay un agresor y un agredido, pero que el ataque y la defensa se prolongan por un tiempo al no poder, el defensor, repeler la agresión de modo rápido, o porque el agresor ataca de modo continuado. En este caso no hay ninguna dificultad en poder apreciar la LD, por lo que en definitiva nos encontramos con el problema de probar como ocurrieron los hechos.

Como muestra de esta doctrina, la sentencia 347/1987 condena a una persona, que en el curso de una riña en una discoteca, al ver que una tercera persona acudía en ayuda de su oponente, sacó una navaja de tipo abanico (balisong) con la que acuchilló a uno de sus contrincantes en el estomago. El Tribunal Supremo consideró que la irrupción de este tercer sujeto no-basta para convertir la riña en una situación de LD que justificara el uso de un arma blanca habida cuenta que los agresores estaban desarmados.


2) Defensa ante menores de edad o incapaces. Nos encontramos frente a personas que por razón de la menor edad penal o por razón de enfermedades mentales o deficiencias sensoriales no se consideran penalmente responsables de sus actos. En principio no existe diferencia por razón de esta incapacidad y habría que atender prioritariamente a la intensidad del ataque para calibrar la respuesta con la que debemos responder. Una de las mayores dificultades que tiene esta situación es el propio reconocimiento de la misma, es decir, reconocer cuando nos encontramos ante un menor de edad o un incapaz. Puede ser más fácil en el caso del menor de edad cuando la edad es muy acusada, pero será más difícil de reconocer cuando la edad de la persona esté cercana a la mayoría de edad. Más complicado es el caso de reconocer al incapaz, especialmente cuando el agresor es un desconocido. No hay una doctrina unánime de los tribunales, pero la tendencia general se orienta en el sentido de pedir un mayor cuidado en la defensa, atendiendo a la falta de juicio del atacante.

Para llevar a cabo adecuadamente la LD en estos supuestos, es necesario, en primer lugar, valorar la peligrosidad de la situación. Esta puede variar mucho, especialmente en el caso de las personas perturbadas, puesto que sus reacciones pueden ser del todo imprevisibles. Además, en este caso, así como en el caso de personas que se encuentren bajo el efecto de las drogas, pueden desarrollar una fuerza superior a lo normal, así como una gran insensibilidad al dolor. Este hecho puede ser fundamental a la hora de determinar los medios más adecuados para tratar con estos sujetos, puesto que por lo antes dicho, las técnicas de golpeo pueden surtir un escaso efecto inmediato y que en un principio sean ineficaces contra estas personas. Pero, sin embargo, no hay que olvidar que el resultado de los golpes está presente y que acabará por manifestarse quizás en forma de lesiones graves que a posteriori resulten excesivas para el ataque que se produjo. En estas situaciones pueden resultar mas adecuadas las técnicas de “grappling”, es decir, aquellas que buscan la reducción del agresor en la corta distancia, a través de luxaciones a las articulaciones o inmovilizaciones. La ventaja que ofrecen estas técnicas es que pueden reducir al agresor sin necesidad e daños graves. Este tipo de técnicas también debe ser cuidada a la hora de aplicarla sobre una persona perturbada, dado que un forcejeo excesivo por su parte, puede ocasionar daños no deseados por nosotros. A pesar de estos inconvenientes, las técnicas de control pueden ser las más adecuadas para estas situaciones.

El caso de los menores de edad también merece consideraciones especiales. En primer lugar debemos valorar el peligro que ofrece cada situación, lo que vendrá determinado por el grado de desarrollo del menor, las posibles armas que porten y si actúan solos o en grupo. En todo caso hay que tener en cuenta la condición del menor de no ser responsable penalmente, lo cual, en muchos casos puede servir para que estos actúen con mayor despreocupación de la Ley y del daño que puedan causar a los demás. El modo de proceder en estos casos es complicado y por su puesto no está sujeto a reglas fijas. La doctrina de los tribunales se orienta en la dirección de pedir un sumo cuidado a la hora de proceder, y usar todos los medios a nuestro alcance para evitar una confrontación.

Los principios expuestos en la moción aprobada unánimemente por el Congreso de los Diputados el día 10 de mayo de 1994, sobre medidas para mejorar el marco jurídico vigente de protección del, se refieren esencialmente al establecimiento de la mayoría de edad penal en los dieciocho años y a la promulgación de “una ley penal del menor y juvenil (la actual Ley del Menor) que contemple la exigencia de responsabilidad para los jóvenes infractores que no hayan alcanzado la mayoría de edad penal, fundamentadas en principios orientados hacia la reeducación de los menores de edad infractores, en base a las circunstancias personales, familiares y sociales... ”


3) Defensa frente a autoridades y sus agentes. En este caso la agresión parte de quien, en principio, tiene autoridad para llevarla a cabo en el ejercicio de su cargo. Como ya vimos, el primer requisito de la LD es el de la agresión ilegitima, por lo que parece quedar excluida de la posibilidad de la defensa. Pero, sin embargo, debe tenerse presente que el ejercicio de la autoridad no puede ejercerse de forma indiscriminada, sino para servir a los fines establecidos, como posibilitar la seguridad ciudadana. Y de echo los agentes de la autoridad se encuentran sometidos a los mismos límites de necesidad racional del medio empleado y de intervención mínima necesaria. Es decir, los agentes del orden solo podrán utilizar la fuerza cuando sea imprescindible y muy especialmente en el caso del uso de armas de fuego. Por lo tanto debemos concluir que queda excluida la posibilidad de la LD cuando el agente actúe correctamente en el ejercicio de su cargo, y por lo tanto puede darse la defensa cuando no se actúe en el ejercicio del mismo. Por ejemplo: En cuestiones personales, o bien cuando el agente rebase notoriamente los límites de su competencia.

Como ejemplo de lo antes dicho, podemos acudir a la jurisprudencia de la sala de lo penal del Tribunal Supremo la cual en su sentencia 154/98 condenó a un agente de la policía. El cual en el curso de una investigación requirió a un transeúnte para que se apartara, habiéndose identificado previamente mostrando su placa y de palabra, pero sin alzar la voz lo suficiente, y como la persona en cuestión no se apartaba, procedió a agarrarla para que se apartara. A lo que el requerido reaccionó con un aspaviento que alcanzó al agente en el labio y a continuación se originó una pelea, que el agente resolvió sacando su pistola y golpeando con ella repetidamente en la cara al transeúnte produciéndole heridas de diversa índole. El Tribunal Supremo entiende aquí que el agente se extralimitó en el uso de la fuerza y que no podía aplicarse la eximente de obrar en el ejercicio de su cargo.

2 comentarios:

L.G. dijo...

Excelente articulo.La verdad que abre los ojos a muchos marcialistas que sueñan de poner en practica mas de una tecnica a la primer situacion posible,por ej discotecas,bares,conciertos,etc..
Gracias por el tiempo dedicado en la busqueda de informacion!
Un afectuoso saludo.

Poley dijo...

L.G. muchas gracias por tu comentario. Actualmente el artista marcial tiene la suerte de poder probar la efectividad de lo que ha aprendido sin necesidad de jugarse la vida propia ni la ajena. Una de esas posibilidades las tiene con el método "redman" y, otra menos espectacular, es teniendo un conocimiento básico de las leyes.