"A través de la puerta de la muerte se llega a la verdadera vida"

domingo, 31 de enero de 2010

Curso Warriors Eskrima en Sevilla

"Cumplir con el deber"

Del libro: “Es un buen día para morir. El Guerrero indio”.
HESPERUS
José J. Olañeta, Editor.


Cuando era niño, mi padre me decía a menudo: “Hijo, no quiero que llegues a ser un hombre viejo. Muere en el campo de batalla cuando aún seas joven. Así es como mueren los lakotas”. Con este consejo quería enseñarme a dar la cara al peligro aun a costa de los mayores sacrificios. Ahora bien, si me ponía al servicio de mi tribu también me estaba poniendo al servicio de mí mismo. Porque, si dejaba de cumplir con mi deber, lo único que hacía era fracasar en la prueba de mi hombría, y un hombre que vivía en su tribu sin el respeto de los demás era un muerto viviente.

Luther Standing Bear
(Jefe Oso Erguido)
SIOUX OGLALA

sábado, 23 de enero de 2010

Artes Marciales y Legitima Defensa en el Código Penal Español. (V)

Por Ginés Ruiz Adame.
Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y practicante de Artes Marciales.

ESTUDIO ESPECIAL DE LA PROPORCIONALIDAD EN LA LEGITIMA DEFENSA (L.D.).

Como ya vimos, uno de los requisitos de la LD es la necesidad racional del medio empleado. Este es quizás el punto más difícil de valorar en una acción de LD, por lo que debemos ahondar en él.

En primer lugar debemos hacer referencia a los medios de ataque y defensa. La jurisprudencia del Tribunal Supremo de España, ha establecido reiteradamente que no hay que atender solamente a la naturaleza material del arma, sino a la capacidad agresiva de la misma, de modo que no hay que pretender la igualdad de medios a través de la igualdad de las armas. Por ejemplo: Cuchillo contra cuchillo, sino que hay que comparar en cada caso concreto el peligro de cada arma. En numerosas sentencias se acoge este principio, así se ha equiparado una pistola a una barra de acero, un cuchillo a un bate de baseball o un cuchillo a una pistola.

Otra cuestión importante es que, no solo hay que tener en cuenta la naturaleza de las armas que se enfrentan, sino que aún más importante es el uso que las partes, en el conflicto, hacen de ellas, como podría ser la zona del cuerpo que se ataca, la intensidad del ataque o el número de veces que se hace uso de ellas. No es suficiente tampoco con realizar una valoración objetiva de las armas, sino que el juez debe tratar de colocarse psicológicamente en lugar del defensor para poder calcular la necesidad del medio empleado.

Un ejemplo de uso proporcional de armas distintas lo encontramos en la sentencia 410/98 en la cual se absuelve a un agente de la Guardia Civil el cual tuvo que realizar un disparo contra un asaltante armado de un palo de grandes dimensiones con un clavo en la punta con el que previamente había agredido al agente, tratando de descargarle un golpe en la cabeza, ante esto el agente reaccionó con un disparo dirigido a las piernas que hirió en el abdomen a su atacante. En este caso la argumentación del tribunal concluyó que la capacidad de ataque de las armas era similar y que el hecho de que el disparo se dirigiera a la zona baja del cuerpo, demostraba que su intención no era la de matar sino la de detener al agresor.

Así mismo la sentencia del Tribunal Supremo Español 189/1998 absuelve al dueño de una joyería que portando un revolver, para el que disponía de la correspondiente licencia, se enfrentó a un agresor que portaba un cuchillo de hoja de sierra de 30 cm de longitud, originándose una pelea entre ellos en la que resultó muerto el agresor y herido el dueño del establecimiento.

Por el contrario, la sentencia del Tribunal Supremo 431/ 1998 condena, si bien con atenuante de legitima defensa incompleta, al dueño de un bar, el cual se enfrentó al compañero sentimental de una empleada para defenderla de aquel. En esta ocasión el atacante portaba un taco de billar y el defensor un spray de defensa con el que roció los ojos del atacante y a continuación, en el curso de la pelea que se originó, le asestó varias puñaladas con una navaja. El Tribunal Supremo entendía que en este caso era innecesario el uso de la navaja, puesto que ya tenia el defensor un spray con el que ya había rociado al atacante y que habría bastado para reducir la agresión.

Esta necesidad de colocarse en lugar del agredido debe hacerse con todas las circunstancias físicas y psíquicas, puesto que es claro que no todas las personas son iguales, y debe hacerse una valoración de todas las circunstancias. Debemos comenzar viendo cuales eran los medios posibles que tenía el defensor, así si disponía de varios de ellos, hemos de valorar si se ha utilizado el más idóneo para la situación de peligro. Si solo había una posibilidad de defensa, debemos aceptar que el sujeto se defienda con ella, por lo que entonces debemos valorar si el uso que se hizo del medio de defensa fue proporcional a las circunstancias. Así, en el caso de armas contundentes no denota la misma intención defensiva quien golpea una vez la muñeca del atacante que porta una navaja, que quien le golpea repetidamente la cabeza causando la muerte.

Ya hemos hablado también, de la necesidad de valorar la capacidad del defensor en su conjunto y no solo por el arma que usa, ya que no tiene la misma significación un arma en manos de una persona inexperta en su manejo, que si es esgrimida por un experto. Esta diferencia de capacidad debe conllevar un mayor rigor en la valoración de la necesidad del medio empleado, debido a que es normal pensar que una persona que no tiene conocimientos técnicos sobre un arma, por ejemplo de fuego, dispare de forma intuitiva sin poder precisar la zona que quiere alcanzar o incluso que realice varios disparos de forma alocada y sin consciencia de ello. Si embargo, un tirador experto puede elegir con seguridad la zona del cuerpo que desea alcanzar y puede seleccionar y graduar la gravedad del daño que va a causar.

La mayoría de estos comentarios pueden trasladarse al ámbito de las Artes Marciales, aunque con algunas salvedades, como que si bien una persona puede decidir no hacer uso de un arma que tenga a su alcance, un luchador experto no puede desprenderse de sus conocimientos o de la rapidez o la fuerza adquiridas con el entrenamiento.

Así mismo, como ocurre con las armas, a la hora de valorar la actitud defensiva del luchador, debemos hacer un estudio en detalle de la situación, puesto que al igual que no existe el concepto genérico de arma, sino que existen pistolas, cuchillos, palos o navajas, tampoco existe el termino Artes Marciales en general, sino que existen Karate, Judo, Aikido, Jujitsu, etc, cada una de las cuales tiene su propio modo de ver la pelea y su ideología al respecto, así como un arsenal característico. Es claro que no pueden darse reglas fijas para predecir la actitud de las personas en función del Arte Marcial que practique, pero hablando en general, podríamos pensar que no cabe esperar el mismo grado de agresión dentro del Aikido que del Karate, por poner un ejemplo. Así mismo, es necesario considerar otros factores como la fuerza o el grado de conocimiento. No podemos equiparar un luchado de 70 kg con uno de 120 kg, o a un cinturón blanco con un cinturón negro. Esto es evidente incluso en el caso de enfrentamientos entre luchadores. Como ejemplo característico podríamos hablar del Judo, que si bien se supone que se basa en aprovechar la fuerza del rival, los campeonatos de Judo observan rigurosamente la división de pesos.

Por todo esto, en caso de una situación de LD en la que se vea envuelto un practicante de Artes Marciales, debemos tener en cuenta a la hora de valorar la necesidad de los medios usados, las circunstancias antes vistas: complexión, grado técnico, preparación para la pelea callejera, estado emocional, edad y otras más. Si nos adentramos en alguna de estas circunstancias, vemos como algunas de ellas son realmente difíciles de valorar, como el grado técnico. Normalmente vienen a identificarse el grado técnico y la habilidad del luchador con el color del cinturón. Pero sabemos que esto no es siempre así. Ya que hay disciplinas que no tienen dicho sistema de graduación y por otro lado los casos de grados “regalados” o el practicante experto que rechaza el pasar por la realización de exámenes y no ostenta grado alguno que refleje el alto dominio técnico. Así mismo, hay que tener en cuenta la preparación técnica y psicológica para la pelea real, la cual puede ser muy distinta de un combate en el gimnasio o en un campeonato. Y no debe dar reparo asumir, que largos años de entrenamiento puedan no haber preparado a una persona para la pelea real, aunque sea un gran campeón en un tatami o en un ring. Por lo tanto otro factor muy importante será el estado psicológico del luchador, pues bien podría suceder que la perspectiva de algo para lo que no se está preparado le ocasione un bloqueo mental y realmente no pueda disponer de sus conocimientos y habilidades.

Centrándonos ahora, de nuevo, en la cuestión de la adecuación del ataque y la defensa debemos abordar distintas cuestiones:

1) COMO REACCIONAR. Como ya hemos repetido, debe seleccionarse, en la medida de las circunstancias lo permitan, el medio más suave pero que a la vez permita nuestra seguridad. No pueden darse reglas concretas puesto que como ya vimos debe atenderse siempre a la persona en concreto con todas sus circunstancias.

2) ¿CABE EL USO DE ARMAS POR UN LUCHADOR? Esto hace referencia a si se puede admitir que una persona con conocimientos de lucha puede ayudarse de medios externos. Una vez más debemos remitirnos a la necesidad concreta. Si el conocimiento marcial es del todo insuficiente, no puede negarse el uso de armas, ni tampoco cuando la exhibición del arma va a ser suficiente para disuadir al agresor y cabría pensar que también puede acudirse a un arma si los conocimientos de Artes Marciales del sujeto consisten en saber manejar ese arma. Como los casos del practicante de Kobudo o Eskrima que usará una de sus armas habituales para defenderse. Pero de nuevo en este caso debemos pedir, con base en esos conocimientos especiales, una defensa proporcional al ataque.

3) LD y HUIDA. Esta es una cuestión general y no solo relacionada con las artes Marciales. Se plantea la cuestión de si puede admitirse la LD cuando cabe la posibilidad de evitar la agresión mediante la huida. La jurisprudencia no es unánime. Se ha planteado que solo puede exigirse la huida cuando esta es posible, garantiza la seguridad del que huye y no es vergonzante. A esto habría que añadir que no cabría exigir la huida cuando se actúa en el cumplimiento de un deber, como el policía o el vigilante de seguridad que deben defender a una persona, o quien tiene a sus cargo a personas indefensas como el padre que debe cuidar de sus hijos. Estas consideraciones son independientes de los casos en que razones de “estrategia” conviertan la huida en la hipótesis más razonable para la seguridad del defensor.